Bandadas de preciosos alcedines
danzando en círculos
sin impedimentos e incondicionales
ante todos los obstáculos.

Los podías ver alzando la vista al cielo
e incluso con la cabeza gacha, en el suelo.
Días de elocuente gloria recuerdo,
noches oscuras hasta acabar por los suelos.

Cambiábamos sin darnos cuenta de estaciones
porque el tiempo nunca nos superaba;
siempre por delante de él incansables.

Llegan vientos violentos racheados,
las danzas se desvanecen,
la desbandada silenciosa ha comenzado.

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