Un caballero y su dama (I)

Hace mucho tiempo que te debía unas líneas y aquí me encuentro rebosante de alegría escribiendo lo que te pertenece. No podré olvidar jamás todo lo que hemos sufrido. No lo quiero olvidar. Recordarlo me hace más fuerte, nos hace más fuerte, y sabemos que todo es posible siempre que tú no te apartes de mi lado, porque yo, nunca lo haré. Me juré que algún día todas esas lágrimas que derramamos de tristeza, se tornarían en preciosas lágrimas de alegría

Todo este camino no ha sido fácil. Ha sido largo, duro, con muchos obstáculos que hemos ido superando a base de coraje y corazón. Hubo momentos en que alguno pensó que no lo lograríamos. Que había llegado nuestro final. Tan solo te hizo falta volver a pintarte la raya en el ojo para levantarte más fuerte que nunca. Viajé a tu lado aunque tú, ni siquiera, podías verme u oírme, pero sé que me sentías.

Podría enumerarte muchas fechas concretas en las que me hiciste perder la cabeza, otras tantas en las que me faltaban uñas por morder. Pero, sin duda, me quedo con aquella noche estrellada del pasado 24 de junio de 2017. Sí la recito de memoria. Aquella noche nos fundimos en un precioso beso delante de todos, no eran tus labios pero los sentí tan azules, tan de usted, tan llenos de triunfo y casta que les puse tu nombre. Jamás lo podré olvidar y, por si acaso me despisto, te puedo ver corriendo por mis venas en forma de tinta. Hemos tocado la gloria con nuestros propios dedos de nuevo.

Meses atrás tuve una de las sensaciones más preciosas de mi vida al ver como mi dama salía victoriosa en su particular batalla con aquella fulana. Se las prometía muy felices, muy subida sin saber que jamás te llegará ni a la suela de tu tacón gigante de color azulón. Te vi pelear como la más fiera de todas, te vi creer en ti, te vi mirarme a los ojos y tu mirada rezaba un “juntos podemos con ella y con todos aquellos en los que no crean en nosotros”. Ya lo creo que pudimos. Canté toda mi alegría con rabia, los míos estuvieron en todo momento detrás sin parar de arrimar el hombro mientras remábamos. Todavía parece que se repite en mi cabeza como si del estribillo de una canción se tratase… Me habré quedado “loco”…

Qué bonito se ve todo desde entonces. Estamos mejor que nunca cuando hace tan solo 1 año nos daban por muertos. Les hemos vuelto a dar en las narices a base de trabajo, garra, corazón, unidad y casta. Hemos molestado a esos que se hacen llamar grandes. Aunque para mí tú siempre serás la más grande y la más bonita. Aún sigo tiritando de frío y nervios tras el pasado domingo 4 de febrero de 2018. Aún no sé qué pretendía de nuevo esa fulana viniendo a tu casa, a casa de mamá ¿a intentar qué? Volviste a pelear, la tuviste contra las cuerdas pisoteándola una y otra vez, luchaste contra viento y marea, nunca mejor dicho, y para mí volviste a salir victoriosa.

Nos queda mucho camino por recorrer, si algún día te da por mirar atrás debido al miedo, no te preocupes, yo nunca me iré y llevo apoyo suficiente detrás con aquella maravillosa minoría.

Un caballero y su dama (I)

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