El cielo cubierto de estrellas,
una noche más, una noche menos,
es lo único que no cambia, porque,
en el fondo, todo cambia.

Existen noches cálidas bajo un manto de besos,
existen frías, en las que anhelas en la cama un abrazo.
Cuando ocurre, no son más que momentos fugaces;
ratitos en los que para nosotros eran más que salvajes.

Perseida era tu nombre.
Miraba siempre al cielo,
buscándote por si te veía,
y cuando esto ocurría,
mi vida volcaba,
mi corazón galopaba
y mi cabeza no sabía qué (a quién) buscaba.

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