Toda la vida siendo un canalla,
lo admito.
Amaneciendo de muelles en muelles,
zarpando cada mañana sin remordimiento.
De fondo siempre sonaba ‘Cocaine‘ en el Costello
y bailabas. Bailaba. Y bailábamos.
La música y tú erais una silueta atronadora.
La barra me invitaba a surfear una nueva ola
para terminar encallando en el fondo de otro vaso.

Nunca estuve de paso, nunca me quedé.
Tu pelo alborotado me alborotaba;
me mirabas; sonreía.
Una nueva conquista que me empujaba a perder la guerra.
Mi guerra interior que me masacraba cada madrugada.
No me arrepiento de aquello, eran días buenos.
Noches mejores. Pero todo cambia. Todos cambian.
Ese canalla vive muy hondo dentro mí.
A veces intenta escapar de las cadenas de la cordura, con las que vive preso;
le aplaco con una dosis de ti.
Y todo vuelve a la calma.
Dulce calma de sirenas.
Share: